Actualizado: 18 de julio de 2008
Terminada la guerra, Ferrucio Lamborghini, quien se había desempeñado en un destacamento de
transporte para el ejército italiano, comenzó a comprar sobrantes de vehículos militares para
convertirlos en maquinaria agrícola.
Tal fue el éxito de su nuevo negocio que para 1960,
Lamborghini ya era el tercer industrial italiano en el rubro de la construcción de maquinaria
para el agro, especialmente de tractores.
Con las ganancias obtenidas, Ferrucio empezó una vida opulenta, de los cuales adquirió algunas
propiedades, y sobretodo Ferraris. Era un admirador de Enzo Ferrari por la forma en que mantenía
su empresa, pero siempre tuvo una dificultad: Lamborghini siempre tenía problemas mecánicos con
sus autos. Una vez, cansado de tener que soportar estos incovenientes, entabló una conversación
con el mismo Commendatore que pasó a la historia.
Según el mismo Lamborghini las Ferraris "sólo me creaban problemas. Un día, ya harto de
mandarlos al taller llamé a Enzo para decirle que sus coches eran pura basura. Y me contestó que
un fabricante de tractores no podía entender sus autos".
A partir de esta curiosa discusión,
el iracundo propietario empezó a maquinar la idea de fabricar automóviles deportivos para
competir con la marca del Cavallino Rampante.
En 1961 en la localidad de Saint Agata Bolognese, muy cerca de las casas de Ferrari y Maserati,
abría sus puertas la Lamborghini Automobili. En 1964 Ferrucio construyó trece de sus nuevos 350
GT; de ese modelo se derivaron el 400 GT y el Miura, poderoso bólido que competía directamente
con el Ferrari Daytona.
Pero bajo sus manos Lamborghini Automobili nunca pudo surgir
económicamente, encontrando numerosas dificultades en el camino. Muchas de ellas producto de sus
rivales comerciales, entre ellos obviamente Ferrari. Se podría decir que se emplearon todas las
presiones y artimañas legales para mandar a una empresa a la quiebra. Así, en 1970 Lamborghini
vendió su fábrica para luego irse a su finca de Panicarola a dedicarse a sus viñedos hasta el
momento de su muerte en 1993.
Lamborghini nunca pudo estar a un nivel económico, logístico, técnico ni deportivo respecto a
sus competidores directos Ferrari o Porsche hasta el día de hoy, ya que ninguno de sus
posteriores dueños pudo convertirla en un gran fabricante. A pesar de ello, Lamborghini pudo
lanzar a mercado modelos tan exquisitos como el Miura, el Countach, el Diablo o el novedoso
Murciélago, que han estado al nivel de Ferraris como el Daytona o el F40.
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