Actualizado: 18 de julio de 2008
El contrabando y la falsificación de productos fue una de las primeras actividades del comercio
moderno, tan antiguo como el comercio en sí. Literalmente se "roban" las ideas de los
fabricantes originales y sacan burdas (y otras no tanto) copias de estos artefactos, aunque por
el lado de un grupo irresponsable de compradores, esto podrìa significar la adquisición de un
objeto deseado a un precio accesible.
Todo tipo de aparatos fueron víctimas de este vejamen,
aunque esta actividad llegó a niveles insospechados cuando en Italia se descubrió una banda que
construía copias de automóviles Ferrari.
En 1993, la policía italiana descubrió en Módena toda una red de falsificadores de Ferrari,
especialmente de los modelos antiguos, los más buscados por los coleccionistas. Resulta extraño
la "efectiva" clandestinidad de este taller que se encontraba a pocos kilómetros de la casa
matriz de Ferrari, en Maranello. Un técnico especialista se encargaba del diseño de los motores,
mientras que otro se encargaba de la carrocería, al mismo estilo de las casas artesanales de
autos de principios de siglo.
Aunque parezca mentira, se había vendido más de 40 Ferraris a diveros países europeos y a los
Estados Unidos. La empresa, tan próspera como ilegal, tenía a su disposición una cantidad cada
vez mayor de empleados, que, al verse descubiertos por la policía, emprendieron veloz carrera
hacia destinos desconocidos.
Aunque falsificaciones en fin, se trata de toda una proeza mecánica
el haber construido Ferraris casi a semejanza de las versiones originales, pero obviamente estas
"joyas" tuvieron que ser destruidas, muchas de ellas a punto de embarcarse hacia el destino del
comprador.
Por último, es importante diferenciar un restaurador de un falsificador. De aquel que revive una
reliquia original al del otro que lucra con un artefacto falso, cuyos compradores probablemente
sean cómplices al adquirirlo sabiendo su oscuro origen, o simplemente eran personas estafadas
por esta inédita mafia.
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