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Actualizado: 18 de julio de 2008
Tras más accidentes, y una participación dramática en Canadá cuando corrió media carrera casi
sin alerón en lluvia, fue catapultado como el favorito del público para 1982. El nuevo Ferrari
126C2 lo ponía como favorito al título, pero apareció en escena su co-equiper Didier Pironi.
En
el GP de San Marino, cuando el equipo le exigió cuidar las espaldas de Gilles, lo pasó en la
última vuelta y se llevó la victoria. Desde ese momento Pironi se convirtió en su enemigo, y
el trato de Villeneuve para con Ferrari se enfrió.
Su carrera en la Fórmula 1 fue espectacular. Gran partidor, muy vehemente y siempre corriendo al
filo de la navaja, así se podría resumir su estilo de manejo. Ése estilo le valió la admiración
del público hacia alguien que no le tenía miedo a nada, que jugaba con la muerte a cada momento
al parecer sin importarle mucho. Siempre fue protagonista de terribles accidentes, del que
siempre salía bien parado. Todos menos en uno.

Trágica muerte
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Era el Gran Premio de Bélgica, un 8 de mayo de 1982 en el circuito de Zolder. Pironi estaba
colocado en mejor posición que él durante las clasificaciones y eso no lo podía permitir. Gilles
salió furiosamente a recuperar su condición de piloto #1 del equipo. En su vuelta rápida, se
produjo una fatal descoordinación entre él y Jochen Mass, quien estaba en su vuelta de
desaceleración. Villeneuve y Mass eligieron el mismo lugar de la pista para pasar; luego, la
rueda delantera izquierda del Ferrari chocó con la trasera derecha del March; el auto de
Gilles perdió el control y la escena siguiente fue estremecedora: el Ferrari salió disparado por
los aires chocando contra el muro a más de 200 km/h.
El cinturón de seguridad de Gilles no
resistió la tremenda fuerza de desaceleración y terminó a varios metros de su auto, que estaba
destruido. Murió en el acto. Mucho se dice que su acelerador se quedó "pegado" al auto y que
esto impidió al canadiense reaccionar a tiempo.
Aunque sólo ganó 6 carreras y aparte de 1979 y 1981 no obtuvo temporadas destacables, su estilo
de manejo hizo de él un mito. Su mejor legado se llama Jacques, el sí logró el ansiado
campeonato en 1997, tal vez culminando la labor que su padre dejó a medias.
Nunca sabremos si Gilles
Villeneuve hubiera podido ser campeón, pero a pesar de ello, siempre será un ídolo de Ferrari y
uno de los corredores más espectaculares que tuvo la categoría reina.
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