|
Actualizado: 18 de julio de 2008

La victoria #50 (2001)
|
Luego de unas pruebas en el circuito de Silverstone, Michael viajó a Bélgica para correr su
primera carrera en la Fórmula 1. Pero daría la sorpresa al todo el mundo al clasificar séptimo a
su modesto auto verde número 32 detrás de los poderosos Williams, McLarens y Ferraris. Pero
en la carrera, el embrague le falló y no pudo completar ni una sola vuelta, quedando en la última
posición en la clasificación final de la competencia que tuvo como ganador a Ayrton Senna.
Pero su
gran calidad como piloto fue más y Flavio Briatore lo jaló inmediatamente hacia el equipo
Benetton para la siguiente carrera en Italia, terminando en quinto lugar (detrás
de Mansell, Senna, Prost y Berger), un extraordinario resultado para alguien que sólo había
corrido dos veces en la Fórmula 1.
Michael tuvo una buena campaña en 1992. Su primer resultado importante fue
su segunda posición en la grilla del GP de España, entre los inalcanzables
Williams y Nigel Mansell. Ganaría su primera carrera en el GP de Bélgica, el
mismo en el que había debutado exactamente un año antes.
Terminó tercero
delante de Senna y a sólo un punto delante de Patrese, segundo piloto de
Williams en dicha temporada. Tal vez 1993 no fue tan bueno como el anterior, aunque se llevó
el GP de Portugal, el mismo GP en el que Prost se consagró campeón.
En 1994, Schumacher llegó a la cima. Empezó fulgurantemente derrotando a Ayrton
Senna, el archifavorito, en el mismo GP de Brasil. Puntero absoluto y
prácticamente sin rivales ante la desaparición de Senna en el tristemente
célebre GP de San Marino. Pero casi infantilmente le regala más de 40 puntos
a Damon Hill entre penalizaciones y suspensiones para que ambos terminen disputando en el GP de Australia el
título. Para ese entonces Schumacher se convirtió el deportista más famoso de Alemania y el
primero de ese pais en ganar un campeonato de la Fórmula 1.
Seguramente, si Michael Schumacher no hubiera sido piloto de carreras, sería
un común mecánico de su ciudad natal. Por sus allegados, Michael tiene un
comportamiento normal, aunque carece de mayor dominio cultural, lo que hace
que las conversaciones con él no lleguen a ideas más allá de lo banal.
El
rápido éxito y la fortuna que alcanzó lo llevó a ser una persona arrogante y
extravagante tanto en su personalidad, vestimenta y gustos más que extraños...
hasta que ingresó a Ferrari en 1996. Un nuevo Michael Schumacher había nacido.
En 1995, aplastó a todos logrando así el bicampeonato. Pero la gran noticia fue el cambio del
piloto alemán hacia el equipo que le cambiaría la vida: Ferrari. En ese momento, todos pensaban
que el dinero había hecho que Schumacher tomara esa decisión, era obvio que se acabarían toda su
racha de triunfos, pero la ambición de retomar la grandeza de antaño de la Scudería pudo más.
|